PMI Capítulo de Panamá

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Crónica de un examen en línea, Camino al PMP

El día “D”

El viernes 17 de julio me desperté temprano, como lo hago usualmente, como un día común y corriente en mi vida. Mis horarios no se vieron afectados por la Pandemia y por estar trabajando desde casa. Revisé mi checklist, y procedí con todo lo planificado para el día “D”, el día del Examen, y lo seguí al pie de la letra:

  • Estiramiento físico
  • Preparación de Desayuno de los Niños
  • Desayuno
  • Alistar Zoom de clases de los niños
  • Apagar alarmas del celular
  • Llevar:
  • Abrigo
  • Laptop, Cargador, Mouse y Pad
  • Snack y Agua
  • Libro de rezo
  • Alcohol en Gel y Mascarilla
  • Identificación Personal (2)
  • Cajón apoyapiés.

De mi checklist se pueden inferir varias cosas sobre mi plan y sobre mi persona. Entre ellas, que soy mamá, que soy creyente, friolenta, que mis hijos tienen clases vía zoom, y lo que quiero destacar aquí, que no estaría dando el examen para el PMP desde mi casa.

¿Por qué no realice el examen desde mi casa?

Después de mucho análisis, llegué a la conclusión de que era prácticamente imposible tener 4 horas ininterrumpidas en mi hogar, a no ser que escogiera un horario en la madrugada, en el cual no estaría con la energía requerida, y tampoco podría garantizar que alguno de mis 3 pequeños no se despertara al grito de mamá mamá, y me buscara por toda la casa hasta encontrarme.

Por tal motivo, decidí programar el examen para un día en el cual en Panamá estuviera permitida la salida de mujeres, y que el horario de inicio coincidiera con mi horario según Pasaporte. Para el horario de finalización, usaría un pequeño artilugio, mi segundo Pasaporte. Asimismo, escogí rendir el examen en una oficina privada rentada por mi esposo, en un Co-work, de modo tal que mi tranquilidad y los requerimientos del PMI y Pearson Vue estuvieran cubiertos.

¿Cómo seguía mi plan después del Checklist?

Mi esposo me debía llevar hasta su oficina en Spaces (él cuenta con un salvoconducto) para asegurarse de que yo no tuviera ningún contratiempo, ya que, en estos tiempos, no hay personal en Recepción ni en ninguna otra parte para asistirte, en caso de surgir algún inconveniente. Esta era una medida adicional de precaución que estaba tomando, ya que más temprano en la semana, ya había hecho la prueba del sistema, con la computadora y la red de internet del lugar. Asimismo, había realizado un examen de prueba de 4 horas para terminar de testear las facilidades del lugar (velocidad de internet, cercanía de baños, asegurar que estuvieran abiertos, temperatura del aire, nivel de tranquilidad, etc).

Primer Contratiempo

Sin embargo, él no pudo llevarme, y tras trasladarme por mis medios e instalarme en el cubículo #44 (cuyas imágenes les comparto más adelante), empezó lo que me gusta denominar como “la odisea”. La red de internet no me permitía conectar y me pedía una contraseña. Yo llamaba a mi esposo desde mi celular, y él me aseguraba de que él no tenía ninguna contraseña. Luego conseguimos su ID del contrato con Spaces, pero aún así no funcionaba.

Mientras mi esposo se dirigía a la oficina, me proporcionó el teléfono de dos empleados de Spaces, y lastimosamente ninguno respondía. Fueron varios minutos de muchísima tensión, sudor y nerviosismo. Finalmente, uno de los contactos atendió el teléfono y tras probar distintas alternativas, consiguió conectarme de forma remota con su usuario personal. Pero ya eran las 9:12 am y mi examen debía comenzar 9:15am y aún no había iniciado el proceso de registro, el cual según mi plan original debí haber iniciado a las 8:45am.

Y la Odisea continuó…

Tras conseguir el acceso a internet y entrar al hipervínculo que me llegó al correo electrónico, los nervios me jugaron una mala pasada, y no podía recordar mi usuario y contraseña para acceder a myPMI. Superado este nuevo contratiempo (reestablecí rápidamente la contraseña como en cualquier otro dominio) ya eran las 9:23 am minutos y yo aún no lograba encontrar la opción “Exámenes en línea comprados” donde debía dar clic y mucho menos el botón de Begin Exam.

Mi esposo estaba todavía ahí conmigo y ninguno de los dos conseguía encontrar este botón, y el nivel de nervios solo podía incrementarse. Yo tenía claridad de que el margen de tolerancia para dar inicio al proceso de registro era de 15 minutos pasada la hora acordada del examen.

Finalmente, y no me pregunten cómo encontré o di clic en el lugar indicado, y se inició el proceso de registro, el cual me pedía utilizar mi celular, tomarme una fotografía, y fotografiar también el espacio donde me encontraba y desde el cual aún pretendía realizar y salvar el examen.

Cómo bajé las revoluciones.

Lógicamente el proceso de preparación previa al inicio del examen no fue el planificado. Mis minutos de reflexión o meditación (para los cuales había llevado mi libro de rezos) ya no tendrían lugar y literalmente inicié el examen con el corazón en la boca.

Debo confesarles que en mitad del proceso de registro (una vez me pidió enviar las fotos de la habitación) corrí hacia el baño, porque me temía que de lo contrario, debería esperar hasta el descanso y no podría enfocarme debidamente en el examen.

Pero respiré profundo, en realidad fueron unas cuantas respiraciones hasta que conseguí tranquilizarme.

Temas técnicos relevantes

Una vez completé el registro se inició chat con el Proctor, se habilitó un breve tutorial, y se inició el reloj con la cuenta regresiva y las preguntas. En mi caso tomé el examen en español, y todas las preguntas me parecieron muy bien formuladas. No hubo problemas con el idioma y además el botón de inglés estaba bien accesible, si acaso quería leer alguna pregunta en su idioma original.

Me llamó la atención que el tutorial no contenía nada sobre el tablero para escritura o dibujo (tipo paint) ni de la calculadora. Pero no se necesitaba mucho para encontrar sus íconos que estaban bien accesibles.

Interrupciones inesperadas

Si bien yo estaba anuente que desde el chat el Proctor podrían escribirme en caso de alguna eventualidad, no me esperaba que ocurrieran tantas cosas.

La primera interrupción ocurrió con la Pregunta N°1, la cual me dispuse a leer en voz alta. ¡Error! Está prohibido leer en voz alta, por motivos lógicos. Pero en mi caso fue una especie de muletilla durante la preparación del examen, para lograr una mejor concentración. Y no había caído en cuenta de que no estaría permitido. Y cómo me costó evitarlo considerando los nervios con los cuales empecé el examen.

La segunda interrupción vino con la posterior tapada con mi mano de la parte inferior de mi cara; casi un gesto inconsciente que realizo al entrar en concentración.

Pero esto no fue todo lo que tuve que controlar. Porque a los pocos minutos empecé a sentir unas voces, unos pasos y aunque no atiné ni a mirar hacia atrás (la pared trasera del cubículo es de un vidrio esmerilado), del chat me escribió el Proctor indicando que si se repetía esa situación tendría que anularme el examen. ¡Así como lo leen! Yo le explique que la pared divisoria era de vidrio esmerilado pero le indiqué que me giraría para que mi monitor no se viera desde ningún sitio y le afirmé que eso no volvería a ocurrir.

Y llegó el break o descanso

Efectivamente en la pregunta N°90 se habilita un breve descanso de 10 minutos, que uno debe solicitar a través del chat. Yo no había caído en cuenta de que esto era así, y de que la revisión de las primeras 90 respuestas (o las que hubiera marcado para revisión) debía realizarse en un tiempo no definido previamente. Al ser el tiempo del examen una cuenta regresiva en minutos y al no haber comenzado el examen en un horario “en punto”, se me hizo muy difícil incluso desde mi reloj de pulsera poder medir cuánto tiempo destinar a realizar la revisión. Por tal motivo, luego de un par de cálculos matemáticos fallidos sobre cuánto tiempo me quedaría para responder las siguientes 110 preguntas decidí apelar a mi instinto y a la confianza en mi conocimiento adquirido y pedir el descanso sin más pensar.

La segunda mitad

La segunda mitad transcurrió sin tantas interrupciones desde el chat, pero sí con una especie de contorsionismo de mi parte para poder sentarme frente a la laptop, la cual pude girar en dirección diagonal a la pared de vidrio, de forma tal de que si volvía a circular alguien más por allí detrás, no se viera en la webcam. La dificultad estaba en que no podía mover el escritorio en medio del examen (no me di cuenta de hacerlo en el descanso), y más allá de tener semi controlado el tema del pasaje de personas por detrás del vidrio, no podía controlar si las mismas hablarían en voz alta o no. Les dejo las imágenes de mi cubículo y del pasillo, por el que circularon personas en varias oportunidades.

Lecciones Aprendidas

Verificar el lugar donde uno va a rendir el examen, no una, sino varias veces sería mi primera recomendación. Incluso que sea una habitación de su propia casa. Luego, realizar un resumido plan de riesgos, identificando todos los posibles riesgos, calificándolos, priorizándolos y tomando todas las medidas necesarias de precaución para poder poner en práctica las respuestas al riesgo en caso de tener que pasar a la acción. En mi caso, me tocó improvisar un poco y sacar a relucir mi resiliencia frente a la adversidad. ¡Afortunadamente mi poder de enfoque pudo más que todas las situaciones que se presentaron y este cuento tuvo un final feliz para mí!

Ojalá que todos ustedes que si leyeron hasta aquí, es porque probablemente quieran certificarse bajo esta nueva modalidad, puedan tener su examen con la paz y tranquilidad que ameritan.

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